¿Qué podemos observar?

Fotosfera

Es la capa del Sol que podemos distinguir a simple vista, siempre que utilicemos un filtro adecuado, como el de las gafas de eclipse. Presenta un color blanco y en ella se observan las manchas solares, regiones ligeramente más frías que su entorno y por ello se ven oscuras. El descenso de temperatura se debe a que el campo magnético inhibe el ascenso del plasma más caliente desde el interior solar. Tienen tamaños semejantes al de la Tierra. También se aprecian las fáculas, zonas más brillantes que el resto, ya que permiten observar plasma más caliente situado en regiones inferiores. Estas estructuras se distinguen con mayor claridad cerca del limbo solar, donde la fotosfera aparece más oscura. Con el filtro de calcio (CaK 3 nm/393,3 nm) se observan mejor las fáculas.

Cromosfera

Se encuentra por encima de la fotosfera y forma parte de la atmósfera solar. Solo es visible mediante un filtro especial H-alfa, que deja pasar únicamente la luz roja más brillante que emite el hidrógeno. En esta capa se identifican diversas estructuras, como las espículas, formadas por chorros de plasma caliente que ascienden y descienden siguiendo las líneas del campo magnético y tienen aspecto fibrilar; y los filamentos, de tamaño mucho mayor que las espículas, formados por plasma suspendido a cierta altura sobre el resto de la cromosfera, que presenta una tonalidad más oscura que el entorno porque están más frías. Sin embargo, cuando se observan en el limbo solar, se ven brillantes al contrastar con la oscuridad del espacio, y reciben el nombre de protuberancias.

Protuberancias

Las protuberancias o prominencias son filamentos de plasma que se observan en el borde del Sol, como ya hemos comentado. Se dividen en quiescentes y eruptivos. Los filamentos quiescentes son estables y duraderos. Los eruptivos aparecen en regiones activas con campos magnéticos inestables. Tanto unos como otros se sitúan en la zona neutra, la línea que separa las regiones con distinta polaridad magnética. Cuando un filamento eruptivo colapsa, puede generar fulguraciones solares o eyecciones de masa coronal, enviando radiación y partículas hacia la Tierra como viento solar. Esto puede producir auroras polares y, en casos más extremos, tormentas geomagnéticas capaces de afectar redes eléctricas y satélites.